2021: así será el nuevo etiquetado de eficiencia energética

Inmersos ya en el año 2020 roza el ridículo negar la emergencia climática. Pero tal urgencia ya estaba vigente bastantes años antes. De hecho los líderes de la Unión Europea se comprometieron en su momento a ahorrar un 20 % en el consumo energético para dicho año, y aumentar la cifra hasta el 32,5% en 2030. ¿Cómo conseguirlo? Bueno, el camino no está exento de complejidades, pero se tenía claro desde el primer momento que había una herramienta clave: la eficiencia energética.

“Los productos concebidos para ser más eficientes pueden ayudar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y aportar considerables ahorros financieros a empresas y hogares”, asegura un informe especial del Tribunal de Cuentas Europeo, en el que se analizan muchos frentes, pero uno de ellos es tajante: el aumento de la eficiencia se ha frenado de manera más o menos preocupante debido a los “retrasos significativos y el incumplimiento de las normas”.

Aunque el concepto es amplio y abarca muchos frentes, la Etiqueta Energética de los electrodomésticos estaba llamada a ser un instrumento crucial para elevar esas exigencias de eficiencia. El propio Tribunal de Cuentas ha corroborado que, efectivamente, la UE ha ayudado a alcanzar los objetivos sobre “diseño ecológico y de etiquetado energético”, pero estima que los esfuerzos se han quedado cortos. Algo en lo que no todos los actores implicados están de acuerdo, por cierto.

¿Por qué es importante la eficiencia energética? Algunos datos de contexto

La propia UE se auto-exigió las siguientes metas para el año 2020:

  • Reducir un 20 % las emisiones de gases de efecto invernadero, con respecto a los niveles de 1990.
  • Aumentar un 20 % la eficiencia energética (con respecto a los niveles previstos que se fijaron en 2007).
  • Aumentar un 20 % el volumen total de consumo energético procedente de fuentes renovables.

Y fueron esas mismas autoridades comunitarias las que, finalmente, tidaron de “poco probable” que estas metas se cumplieran en los plazos establecidos. Así que no quedaba otro remedio: había que ponerse a trabajar para ‘dar la cara’. Y la tarea, como casi todo lo que se cuece en Bruselas y Estrasburgo, pintaba ardua desde un primer momento. Con Eurostat diciendo ya desde 2017 que el 27,2% del consumo energético europeo provenía de los hogares, y encima un 82,5% llevaba el sello de fuentes no renovables, no quedó más remedio que firmar en 2018 la versión modificada de la Directiva sobre eficiencia energética que fijó “el objetivo de aumentar un 32,5 % la eficiencia energética para 2030 con respecto a las previsiones establecidas en 2007”. Mientras se escriben estas líneas, quedan 10 años por delante para comprobar si la meta es realista.

Ecodiseño y Etiquetado Energético

Dicho todo esto, paso a centrar un poco más el tiro. Tal y como aseguran desde Bosch, la Etiqueta Energética de los electrodomésticos ha sido durante mucho tiempo “una de las formas más eficaces de ahorrar recursos” (agua y energía, principalmente) puesto que permitía al consumidor elegir modelos de bajo consumo. Y ahora, tras mucho tiempo con las etiquetas entre nosotros, en 2021 cambiarán las que se muestran en este grupo de electrodomésticos:

  • Lavavajillas.
  • Lavadoras y lavadoras-secadoras.
  • Frigoríficos.
  • Vinotecas.

Es decir, electrodomésticos de la gama de frío y los que utilizan agua. Cuando entren en vigor (desde marzo 2020 ya se podrán empezar a ver de forma conjunta vieja y nueva), la Comisión Europea asegura que el consumidor no verá únicamente el consumo de electricidad “sino también otros datos energéticos y no energéticos, con pictogramas intuitivos, para comparar productos y poder elegir con mayor conocimiento de causa: información sobre el agua utilizada en cada ciclo de lavado, capacidad de almacenamiento, ruido emitido, etc”.

Todo lo que tienes que saber

Pero si el 85% de los consumidores ha reconocido que es una herramienta válida para elegir un electrodoméstico, ¿por qué cambia? Hay varios motivos que lo explican: “el comportamiento de los propios usuarios, que cada vez demandan programas más rápidos y adaptados a la realidad”, vuelven a señalar desde Bosch, y además la propia innovación de los electrodomésticos, que ha terminado creando un ecosistema de aparatos muy por encima de la calificación A+, o incluso superiores, perdiendo así parte de su efecto informativo. En pocas palabras: el etiquetado actual se podía dar por caducado.

Los cambios más significativos serán bastante visibles: desaparecen las clases A+, A++ y A+++ y se producirá “la vuelta a la conocida y eficaz escala de etiquetado energético de la A a la G”. Además, en la parte superior izquierda de la etiqueta habrá un código QR que llevará al usuario a la base de datos bautizada como EPREL “en la que los fabricantes y los importadores deberán registrar sus productos” para desterrar de una vez por todas esa horquilla del 10%-25% de productos presentes en el mercado “que no cumplen plenamente las normas relativas al etiquetado de la eficiencia energética” y que terminan tirando por tierra hasta un 10% de los esfuerzos por ahorrar.

Algunos datos técnicos

En el último enlace que te he dejado puedes ver todos los cambios que se van ejecutar en esta primera oleada de nuevas etiquetas que, como ya hemos dicho, afectan a lavadoras, lavadoras-secadoras, lavavajillas y gama de frío. Y para certificar que, efectivamente, estamos ante un cambio radical, ambicioso y de garantías, los responsables de impulsar el nuevo etiquetado no han dejado nada al azar (igual que no lo dejarían en anteriores etapas, claro). Todo está definido, y un buen ejemplo es este documento específico de lavadoras y lavadoras-secadoras, en el que se detalla con claridad cada elemento en juego. Paso a mencionar algunos:

  • La datos de la nuevas etiquetas energética se determinarán sobre la base de su índice de eficiencia energética (IEEW), que muestra la relación entre el consumo de energía ponderado y el consumo normalizado de energía por ciclo (recuerdo que el ejemplo es de un lavadora o lavadora-secadora doméstica).
  • La eficacia del aclarado, otro dato que se podrá ver con facilidad, se determinará en función de la “concentración del contenido residual de sulfonato de alquilbenceno lineal (LAS) en la ropa tratada después del ciclo de lavado de una lavadora doméstica o una lavadora-secadora doméstica (IR) o del ciclo completo de un lavadora-secadora doméstica (JR), expresada en gramos por kilogramo de ropa seca”.
  • Tendrá especial relevancia el nuevo programa “ECO 40-60”, que además de mostrar siempre la duración del programa para que la conozca el usuario, será toda una referencia para el etiquetado nuevo.
  • Para que una lavadora o el ciclo de lavado (no de secado) de una lavadora-secadora se pueda considerar de clase A, su IEE tendrá que ser ≤ 37.

Es importante señalar que el reescalado de la nueva etiqueta energética NO significa que los electrodomésticos consuman más. Solo es una nueva forma de medir. Lo más habitual durante un tiempo será ver como los electrodomésticos actual se reclasifican en estos escalones:

  • Clase E: 67 < IEEWD ≤ 82
  • Clase F: 82 < IEEWD ≤ 100
  • Clase G: IEEWD > 100 (lo esperable sería que no hubiera muchos modelos en este rango).

¿Merece la pena acostumbrarse a este cambio de etiquetado?

Partiendo de la base de que no es opcional, la UE considera que gracias a estas modificaciones (que, ojo, ya partían de una buena base) se cifra en 38 TWh/año el ahorro total anual de energía final hasta 2030. Es decir: ¡el consumo anual de electricidad de toda Hungría!

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