Radiadores de bajo consumo

Por las razones que sea, no en todas las casas del mundo existen radiadores. Y en otras tantas sí que existen pero sus moradores han decidido en algún momento que quieres un plus de calor cuando llega el invierno.

Y es que hay gente que el frío no lo lleva muy bien. En ambos casos es donde aparecen los radiadores de bajo consumo, que son perfectos para dar un toque extra de calor a una casa, pero sin consumir tanta energía como algunos modelos de hace tiempo.

Radiadores y emisores térmicos que no consumen una barbaridad hay bastantes en el mercado. No obstante, antes de comprar cualquier modelo recuerda que, por muy de bajo consumo que sean, si no cumples con una serie de medidas puede que no todo salga como tu quieres.

Por ejemplo, si tienes una casa mal aislada por el suelo o por las ventanas. Mucho calor y mucho frío se escapan por estos puntos. Para las ventanas lo mejor es tener un modelo reciente, aislante. Y para el suelo el mejor aislamiento en muchos casos es una simple alfombra.

Si el modelo de radiador al que tienes echado el ojo no lo tiene incorporado, no estaría de más que te hagas con un termóstato para tu casa, puesto que cuando la vivienda alcanza los 21 grados no deberías seguir con el proceso de calor.

Los radiadores eléctricos tienen varias virtudes que se acaban convirtiendo en aliados para quienes disfrutan de ello. Lo primero de todo, que el 100% de la energía que consumen la usan para dar calor. No se andan con procesos intermedios. Tienes a tu disposición diferentes opciones, que incluso se tiran por la vertiente de la estética, como los radiadores toalleros, considerados como los más prácticos para cualquier hogar.

Ojo, no deberías olvidar que esta opción para calentar tu casa es solo rentable para consumos medios. Es decir, si quieres tener uno por estancia funcionando durante todo el día, el consumo se disparará. De ahí que muchas de las opciones disponibles sean móviles.

Hay que aprender a ahorrar

Cuando te dispones a comprar un radiador de bajo consumo, hay que tener cuidado con lo que acabarás comprando. Tal y como señalan en este post, muchos de estos radiadores “tardan más en enfriarse con lo que el radiador continúa emitiendo calor sin consumir energía”. No obstante, “la letra pequeña de este tipo de aparatos es que la mayor inercia térmica del fluido contenedor hace que también tarde más tiempo en calentar el radiador, con lo que el consumo final probablemente resulte ser el mismo”, corroboran.

¿Tienes claro cuál es el que quieres para tu casa? Los clásicos radiadores de aceite son bastante prácticos y, dentro de lo que cabe, una opción algo más eficiente que otras. Se conectan a la red eléctrica pero no necesitan ni de agua, ni obras de instalación.  Se trata de un calor denominado “por radiación”, calificado por los expertos como muy confortable. Muchos de ellos, de líneas bastante modernas, vienen con el ya mencionado termostato incoporado, lo que sin dida es una ayuda para la racionalización de energía, puesto que dosifican las horas de funcionamiento y usan una temperatura constante.

En cuanto a otros modelos populares, los radiadores eléctricos o emisores térmicos son, igual que los combis en el segmento de los frigoríficos, los reyes de la demanda. Son modelos que no están conectados a la caldera, y obtienen toda la energía que necesitan de la luz eléctrica. “En cuestiones de gasto energético, aunque lo cierto es que estos radiadores gastan menos que cualquier otro sistema, hay que tener en cuenta el precio de la luz”, señalan desde Habitissimo. Están considerados como una opción de calor limpio, ya que no usan llamas ni combustión.

A la hora de elegir entre los disponibles en cualquier catálogo, hay de todo. Los más modernos llevan programadores y termostáto incorporado, para tener la calefacción encendida y regulada solo durante las horas que tu quieres.

Ojo a las facturas de invierno

Tengas el radiador eléctrico que tengas, lo más importante para que la factura eléctrica no se descontrole es jugar con las temperaturas correctas.  Mientras estás en casa, la denominada temperatura de confort es entre 19 y 21 grados, y cuando no hay presencia humana o mientras estás durmiendo, se puede bajar a un intervalo de 15-17 grados.

Ten en cuenta que cada grado que se sube la temperatura puede incrementar hasta un 7% el consumo eléctrico de una vivienda. Lo que luego repercute en la factura de la luz.

Dando por hecho que tienes un termostato para controlar la temperatura, y que un experto ha comprobado el correcto aislamiento de la vivienda, lo que debes hacer son otro tipo de cosas que te echarán una mano:

  • Ventilar por la mañana es bueno para tu casa. Para ti y para tus sabanas. Pero 5-10 minutos es suficiente. Todo lo demás es perder calor por el camino.
  • Utiliza solo los radiadores que necesitas en función de las dimensiones de tu casa. Es posible que no necesites uno para cada estancia.
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