¿Cómo han evolucionado los frigoríficos hasta ser de bajo consumo?

Los frigoríficos llegaron a España en 1952, aunque tuvo que llover bastante para que este electrodoméstico pudiera entrar en las casas de los menos pudientes. En 2012, los frigoríficos cumplieron 60 años, y ya por aquel entonces se aprovechó para recordar que “un obrero cobraba 3.000 pesetas” y una nevera corriente “no bajaba de las 11.000”. Lo cierto es que la inversión en un frigorífico siempre ha sido elevada, pero es que estamos hablando de un electrodoméstico que, por méritos propios, se ha hecho imprescindible en la vida de todos.

A lo largo de su historia, se ha pasado de armarios con nieve para refrigerar, hasta electrodomésticos que usaban para esta misión gases tan perjudiciales como los CFC, que pusieron en pie de guerra a las organizaciones ecologistas. De hecho, la eliminación de este tipo de gases fue el primer paso hacia unos frigoríficos mucho más respetuosos con el medio ambiente.

El ‘freón’, por ejemplo, era un fluido derivado del metano o etano utilizado como refrigerante. Era uno de los máximos exponentes de estos clorofluorocarbonos (CFC), componentes cuya eliminación a la atmósfera ha llevado a la capa de ozono a sufrir daños, en su mayoría, irreseversibles. Fue Balay en la década de los noventa (1990) la primera marca nacional que se atrevió a eliminar el uso de este componente.

La eliminación de los CFC fue solo un primer paso, pero en todo este tiempo se han vivido muchos mas hitos relevantes para que los frigoríficos sea mucho más respetuosos con el mundo en que vivimos.

La selección de la temperatura

Si tienes una nevera moderna, te habrás dado que la selección de la temperatura adecuada para la zona refrigerada y para el congelador es mucho más fácil que nunca. Con pulsar un botón es suficiente (dependiendo del control concreto que tenga cada marca y modelo), pero eso no ocurría anteriormente. ¿Quién no recuerda las míticas ruedas para seleccionar la temperatura? Pero no era una selección exacta, era por niveles. Del 1 al “X”… Y tú tenias que andar regulando manualmente la rueda cuando pensabas que necesitabas más o menos frío para los electrodomésticos.

El almacenamiento

Si tu pones en Google Imágenes “primeros frigoríficos” te saldrán miles de resultados, pero céntrate en las fotos que de verdad te parezcan neveras de las de antes. Pequeños habitáculos que fueron creciendo con el tiempo, pero siempre con unas dimensiones que no permitían organizar los alimentos correctamente. Una compra grande podía ser una auténtica pesadilla, por no hablar de que siempre hemos metido en la nevera todos esos alimentos que no teníamos muy claro dónde iban. Ahora puedes elegir modelos de 60 o 70 cm de ancho, o frigorificos de dos puertas con alto de 1,61 para personas que no necesitan la capacidad de almacenamiento de una familia completa. Y ya si forzamos podemos hablar de los frigoríficos bajo encimera, perfectos para segundas residencias o casas muy pequeñas.

¿No te parece que la capacidad para almacenar bien los alimentos es un factor determinante? Pues es uno de los primeros consejos que te dará cualquier fabricante: las corrientes de frío necesitan espacio para circular. Si no dejas que lo hagan, el frigorífico necesitará consumir más energía para funcionar.

La iluminación

Para hablar de la iluminación de los electrodomésticos no hace faltar viajar muchos años atrás. Ahora la mayor parte de los modelos modernos llevan iluminación LED y, dependiendo de la gama, hasta graduación automática de la intensidad. Pero esto no ha sido siempre, evidentemente. Las bombilllas convencionales o las halógenas eran la tónica dominante antes de que existieran las alternativas de bajo consumo que existen ahora. Un dato que resume muchas cosas: la iluminación LED consume 10 veces menos que las bombillas convencionales, que por cierto quedarán desterradas y prohibidas en muy poco tiempo.

La escarcha

Descongelar el congelador siempre fue una de las tareas más tediosas con los viejos frigoríficos. Y lo sigue siendo para aquellos que no disfrutan de la tecnología NoFrost, que es el nombre que recibieron aquellos modelos que no generaban la temida escarcha. Y siempre lo ha sido porque, paradojicamente, esta capa de hielo actúa como aislante perjudicando el enfriamiento interior del frigorífico. Solo 3 mm de escarha son necesarios para que este electrodoméstico necesite consumir un 30% de lo habitual.

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