Vitrocerámica de gas o de inducción

Hasta hace unos años no había debate posible para nuestra cocina: había que optar por el gas. Y punto. Afortunadamente, las prodigiosas mentes que dan a luz nuevos electrodomésticos nos han brindado la opción de poner en nuestras vidas algo maravilloso: las placas de inducción.

Para elegir correctamente a las joyas de la corona de nuestra cocina ahora tenemos que tomar muchas decisiones. Placas de gas, vitrocerámicas y placas de inducción son las tres opciones que se nos plantean en lo que a cocinar se refiere. Puede parecer que la primera de ellas es cosa del pasado, pero sigue siendo una opción vigente en muchas zonas de España y Europa. Pero, a pesar de que el gas sigue vigente, el debate de hoy en día se centra en lo que nos puede ofrecer la inducción y la vitrocerámica.

Ya expliqué en su momento que soy un enamorado convencido de la inducción. Es algo creado para hacernos la vida más fácil y, sobre todo, nos permite adaptar un placer como la cocina a los ritmos de vida actuales.

Como ambas opciones conviven de momento, y parece que lo harán mucho tiempo, es lógico plantearse qué nos ofrece cada una de ellas y centrarnos después en los dos aspectos que entiendo más relevantes:

  • El coste: no nos podemos engañar, el coste es la gran diferencia. Las placas de inducción son más caras. Puede llegar a triplicar el precio de una vitrocerámica.  Pero se trata de una inversión que se amortiza en pocos años, debido al ahorro que genera, y además se debe tener en cuenta que puede ser una adquisión para ‘toda la vida’.
  • Consumo energético: en este aspecto la placa de inducción gana por goleada absoluta. Una cocina de inducción consume entre un 30% y un 40% menos que las vitrocerámicas. Con una placa de inducción se puede hervir litro y medio de agua “en una media de 6 minutos”, tal y como confirman desde MediaTrends.
  • La limpieza: Las placas de inducción permiten una limpieza rápida y sencilla. Solo calientan los recipientes preparados para usar en estas placas, por lo que es posible limpiar restos derramados al instante sin riesgo de quemaduras. Ni nos quemamos nosotros, ni las manos de los niños revoltosos, ni esa comida que se derrama sobre la placa y que en las vitrocerámicas se quema al momento dejando ingentes rastros de nuestra receta por el medio. De este punto también podemos desprender el hecho de que la inducción es mucho más segura: solo calienta los recipientes de metal. Lo demás lo ignora.

Rapidez cocinando

La vitrocerámica quema mucho al cocina y es muy difícil regularla. Además, siguen consumiendo energía una vez se ha apagado. Son otras grandes virtudes de las placas de inducción. Pero, por encima de todo, lo que destaca es su rapidez. Con la inducción no hay que esperar a que la placa se caliente. Se enciende y comienza a calentar en cuanto detecta la base del recipiente. Desde SIEMENS incluso recomiendan “que todos los ingredientes necesarios se preparen antes de comenzar a cocinar” para no sobrecalentar los recipientes. Ya lo hemos mencionado, 2 litros de agua se pueden llevar a ebullición en cuestión de minutos, cuando con una vitrocerámica podríamos estar hasta 10 minutos esperando.

Por si fuera poco, los fabricantes se empeñan en que cocinemos más rápido si cabe con ellas y han incoporado a las placas de inducción sistemas de cocción aún más rapidos. Mientras BSH apuesta por la función ‘Sprint’, otros como AEG han bautizado esta innovación como ‘PowerBoost’. Ambas tienen la misma esencia: aumentar aún más la velocidad para cocinar con ingredientes que requieran de un calor intenso.

Gastos según el tipo de placa

Desde el punto de la eficiencia, lo que la inducción ha conseguido es una voz unánima a su favor: permite reducir la factura de la luz gracias a la reducción de los tiempos de cocina y, además, es mucho más ecológica. Según el blog Ecologismos estas son las emisiones de CO2 que emiten cada una de nuestras protagonistas:

  • 450 gramos de CO2 por kWh en el caso de las vitrocerámicas.
  • Una cantidad que se reduce hasta los 360 gramos de CO2 por cada kWh si hablamos de las placas de inducción.

El ahorro monetario también es una variable relevante. Los fabricantes lo tienen claro: más del 75% del trabajo que hace una placa de inducción lo hace para calentar. Además, son bastante versátiles y permiten cocinar a la vez una gran variedad de alimentos y en recipientes bastante grandes, gracias a las zonas ‘flex’ que permiten -en algunos casos- usar hasta paelleras.

“Recordatorio: para optar por la inducción hay que tener un menaje de cocina específico para este tipo de placa”

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